Información de Alicante
Tengo enfrente de mí, en el trastero que hace de pequeño y destartalado cuarto de trabajo, una fotografía de Eduardo Haro junto a su compañera Concha Barral, inolvidable también por su “Calle 42”, cenando en el desaparecido Bar Luis de Alicante, después de una conferencia en el Club Información. Miro sus ojos, parecidos a los de Galdós, su humanidad, su vitalidad, su elegancia juvenil. Lo miro y no puedo evitar una enorme tristeza. Con él se ha ido una forma de entender el periodismo, la política, la libertad, una ética vital irrepetible.
Hijo de republicano, hijo de la República, Eduardo Haro pertenecía a una generación de escritores, de periodistas que ya se extingue, la que parió aquel régimen que apostó por la educación y la cultura, la que aprendió a distanciarse de los acontecimientos para acercarse a ellos con claridad y contundencia, la que cuidaba el uso de las palabras como sí en ello le fuese la vida. Pocas veces en el periodismo actual podemos observar un castellano tan puro, tan sintético, tan conceptista, tan definido y libre como en los artículos de Haro Tecglen. No hay equívocos en él, no existe el engaño ni la trampa, sólo luz, pensamiento, razón, humanidad, afán de progreso, entendido este –como él mismo decía hace unos días- como el mejoramiento material, espiritual y cultural de toda la raza humana.
Nunca le conocí personalmente, pero llevaba casi treinta y cinco años con él. En casa todavía están las colecciones íntegras de Sábado Gráfico, Triunfo, Tiempo de Historia y Hermano Lobo, los recortes de “Visto y Oído”, columna televisiva con la que su periódico, “El País”, quiso relegarlo a segunda fila, consiguiendo que muchos empezásemos a leer el diario por la última página, una última página escrita por un hombre mayor de cara avispada y agradable que era lo más fresco, lo más humano y crítico de toda la publicación. Fue mi padre, Pedro Angosto, quien me lo descubrió cuando apenas tenía doce años, igual haría con Machado, con Neruda, Cernuda, Pessoa, Martín Santos, Gogol, Stendhal y, últimamente con Celán o el poeta argentino Juan Gelman. Buena parte de mis cortos conocimientos se los debo a él, los suyos eran enciclopédicos. Una noche de abril de 1976, llego padre a casa con la cara descompuesta. Apenas cenó. Se metió en su despacho y echó la llave. Allí estuvo toda la noche expurgando libros y periódicos, quitando de su enorme biblioteca todo lo que pudiera ser sospechoso, que era casi todo. Un poco antes de que nos levantásemos para ir al instituto, lo oímos salir y hablar con otro hombre. Bajaron y subieron varias veces. Tardamos años en saber lo que pasó aquella misteriosa noche, pero cuando entramos en el despacho habían desaparecido un montón de libros, todas las revistas y una enorme reproducción del Guernica que cubría una pared. Un guardia civil amigo le había dicho que iban a hacer un registro en casa, el motivo principal es que compraba asiduamente Triunfo y Hermano Lobo, dos de las revistas que con sabiduría, talento y valentía llevó Eduardo Haro Tecglen, dos revistas que ayudaron a muchos a pasar con dignidad los últimos años de vida del español que más españoles ha matado en toda nuestra historia, Francisco Franco, al que algunos energúmenos todavía reclaman y festejan. Luego el registro no se hizo, pero mis padres estuvieron mucho tiempo esperando que un día llegara. Por supuesto, las revistas de Haro no volvieron a casa y todavía permanecen en una casa de campo.
Eduardo Haro Tecglen pudo vivir bien, enriquecerse pegado al poder del tirano. Tras la condena a muerte de su padre -crítico teatral como él y director de La Libertad-, convertida en cadena perpétua, Haro hubo de buscarse la vida. Subsistió al lado de los jerarcas del régimen, luchando por vivir y por asegurar la vida de quien lo engendró, como tantos. Pronto rompió con ellos. Marchó a París como corresponsal de “Informaciones”y “El Correo”, dirigió el diario “España” de Tánger, y a partir de 1965 se hizo cargo de la subdirección y la dirección, respectivamente, de las revistas “Sábado Gráfico” y “Triunfo”, dos iconos, sobre todo esta última, escrita a la antigua usanza por tres o cuatro periodistas que usaban varios heterónimos, de la lucha por la democratización de España, del antifranquismo sin paliativos. Ni la cárcel, ni los cierres continuos, ni las multas millonarias, ni los “secuestros” sirvieron para acallar su voz, para mermar su verdad, que por entonces era la verdad de muchos españoles que creían en la libertad, que todavía seguimos creyendo en ella como una de las esencias del individuo y de la sociedad.
El miércoles pasado murió Haro tras sufrir un infarto en un restaurante de la calle Ballesta de Madrid, una calle llena de bares de putas, de chulos, de rufianes, también de buenas tabernas, que recordaba todavía un poco al Madrid de posguerra. Fue un día triste para muchos, un día lúgubre. Alegre, sin saber por qué, para otros. Eduardo Haro Tecglen ha sido un ejemplar humano único, una persona que soportó con entereza encomiable los terribles envites que le deparó la vida –entre otros la muerte de cuatro hijos-, un referente intelectual insustituible, un escritor, un periodista al que añoraremos siempre, aunque nos quede su inmensa obra, todavía, por desgracia, inconclusa.
Gracias, una vez más, Concha.
Por : Pedro Luis el Lunes 24 de Octubre de 2005Bueno Pedro, como siempre dando en el clavo con tu artículo.
Al hilo del registro,voy a repetir lo que conté hace tiempo por aquí:Teníamos una asociación cultural,antes de morir franco, donde funcionábamos de una forma asamblearia y bastante avanzada para la época.Un pueblo pequeño, en el que las buenas gentes prohibian asus hijos ir a la asociación (pero varios iban a escondidas).
Un anochecer, se presentó el alcalde del pueblo con la pareja de la guardia civil a registrar el local.Por tener la revista Triunfo, a la que estábamos suscritos y unos recortes de artículos del periódico de la provincia, que parece que no les gustó:Nos quitaron el local-que era del ayuntamiento-,y lo habíamos conseguido a basa de presión.
Pero alquilamos otro y seguimos varios años más.
A los jóvenes que pasaron por allí, se les nota.
Acertado y emotivo este artículo. Somos muchas las personas que nos identificamos con la libertad que suponían los escritos de Haro Tecglen, muchos también quienes sentimos ese miedo a llevar Triunfo bajo el brazo. Desolada por la desaparición de una estrella que nos guiaba.
Por : Flor el Martes 25 de Octubre de 2005pedroluis,estupendisimo columnista,digno homenaje al tecglen si,señó. enhorabuena
El artículo es tan magistral que lo mejor que podía hacer uno es volverlo a leer y darle las gracias. Que bueno eres Pedro Luis.
Pedro Luis.
Muy buen artículo. Comparto todo lo que dices y te agradezco que hayas escrito lo que muchos sentimos.
Por : revistatriunfo el Miércoles 26 de Octubre de 2005