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Comencé a saber de Eduardo Haro Tecglen, como de otros colegas suyos (Manuel Vázquez Montalbán y Víctor Márquez Reviriego) a la edad de 13 años a través de las revistas "Triunfo" y "Tiempo de Historia", en las cuales ejerció de subdirector y director, revistas de las cuales no me despegué hasta 1982 (año del primer cambio 1982).
Paralelamente seguía sus comentarios en el visto/oído de El País. Cierto es que bailaba sobre un solo ladrillo su chotis particular, como buen madrileño.
Opinaba, y en eso como otras cuestiones, estaba de acuerdo con su pensamiento que tratándose de derechos humanos y añadiría yo de los "nuevos derechos" hay que exagerar un poquito, dado que los que están a la "contra" hacen también lo propio.
Su cuerpo, según dicen las crónicas que en estas horas se difunden, será entregado a la ciencia. Su espíritu y su defensa del republicanismo nos queda a todos como legado intelectual.
Ha muerto, en expresión suya, "un republicano y un rojo". O sea, como diría la derecha mas rancia de este país "un cenizo"o como diria Dolores Ibarruri "La Pasionaria" un "intelectual con cabeza de chorlito"(*)
(*): tomado de Jorge Semprun Maura.