28 de Octubre de 2005

FELICIANO CORREA: Trampas para la libertad

Hoy

EN estos días se viene hablando sobre si existe o no libertad de expresión en Extremadura. ¿Árduo asunto! Desde luego no hay mayor honra humana que el gozo de la libertad, aunque la misma, como la felicidad, no sea sino un objetivo idílico que jamás se alcanza del todo. Pero, filosofías aparte, puede suceder que el gusto del poder lleve con el tiempo a desarrollar esa «tentación totalitaria», que tan sabiamente glosó Jean-François Revel.

La mayor parte de nuestra historia constitucional en el siglo XIX, salvando en parte el texto de Cádiz de 1812, está llena de limitaciones liberales. El poder ha sido siempre miedoso de que la ciudadanía se exprese a su antojo. Incluso no es de extrañar la trampa en que caen algunos políticos menores cuando creen que aplicando posturas restrictivas para el ciudadano agradan a sus jefes. En cierta ocasión acudí a una Consejería en Mérida para tramitar unos papeles. Estando en conversaciones con cierto director general y mientras con la mano izquierda me entregaba la documentación pertinente, agitaba el dedo índice de la mano derecha y me espetaba la siguiente frase: «No nos ha gustado nada tu artículo sobre el presidente del Gobierno». Me quedé de piedra. En función de administrador oficial y en despacho público tal actitud podría interpretarse de chantaje. ¿Había recibido algún recado de sus superiores? Estoy seguro de que no, pero igualmente estoy convencido que él creía, actuando así, servir mejor a la razón partidista que lo había elevado a tal sitio.

El modelo autonómico se concibió para acercar más la Administración al pueblo, pero en todo el país se ha inflado de política la gestión pública.

Recuerdo cómo en los años de la Transición algunos medios escritos recibieron subvenciones bajo cuerda de los partidos políticos. Esos acabaron cerrando porque a la prensa sólo la sostienen, a la larga, la libertad de los lectores que, precisamente por su independencia, eligen esas cabeceras y no otras.

En ambientes donde se piensa que es grande la influencia de la política en el tejido social, el que escribe también se sujeta la muñeca, temeroso de que su distinto punto de vista sea interpretado como claro enfrentamiento. Con tino señalaba Manuela Martín el aviso de algunos entrevistados: «Eso no lo pongas, que no le va a gustar a la Junta».

A veces son los propios ciudadanos los que con su actitud cerril dejan a la libertad maltrecha, dándole mordiscos. ¿Qué piquetes impresentables son esos que producen incendios y agresiones a los que apoyan a la Plataforma 'Refinería NO'? ¿Acaso no les asiste el mismo derecho de expresión que a los de 'Refinería SÍ'? ¿Es tal vez lo suyo una respuesta clandestina a los excesos pertrechados por sus oponentes? Quienes así se comportan ponen cepos a la libertad al coaccionar las palabras.

Hemos de revisar cualquier tic antidemocrático que pueda hacer pensar que disentir es perverso, cuando siempre es saludable si se respetan leyes y maneras.

Tales conductas ponen en grave riesgo el modelo democrático que nos respalda a todos. La pasada semana moría Eduardo Haro Tecglen, que dejó escrito: «La obligación de los intelectuales es contar las trampas de la vida». Pues eso.

Por eht en Comentarios el Viernes 28 de Octubre de 2005
Comentarios

Qué razón tienes, F. Correa. Los reyezuelos de taifas se han apoderado de los resortes del poder y cualquier contratiempo les pone de mal humor. La refinería es una cacicada de Ibarra. En unos tiempos en los que el petróleo no tiene futuro más allá de cincuenta años no se les ocurre mejor idea que la refinería. Lo que nadie quiere lo recogen Ibarra y sus gallardos: el polo químico de Huelva (¡oh tiempos lejanos del desarrollismo franquista! parecía que ya no iban a volver)trasladado al sur de Extremadura. Y luego se quejan de que nos traten como paletos incultos y de que Saura ruede Puerto Urraco.
La alternativa es el líder del PP. ¿Cómo se llama, que no me acuerdo?
!Qué pena¡

Por : Extremeño el Domingo 6 de Noviembre de 2005