19 de Octubre de 2005

Arcadi Espada: Queda Umbral...

arcadi.espasa.com

Queda Umbral, pero sus artículos (incluso los buenos) son siempre de anteayer. Ansón es excelente en los pies de foto: “Todo Madrid comenta”; pero es demasiado enamoradizo. Y luego están los chistes, que debían ser semanales. O sea que esta vez va en serio y con Haro ha muerto un género.

La columna era lo de Haro, como fue lo de Camba, lo de Fernández-Flórez, e incluso lo de Ruano. Ya se ve que la primera condición del columnista es ser un recto hombre de derechas. Luego hay que escribir todos los días. Una columna semanal sólo es algo que tiene forma de columna. Gomis, que fue otro gran columnista (aún repito a los niños su “Bohème”) decía que una columna es una voluta. Claro. ¡Cómo va a aguantar una semana en la cabeza! Una columna (una taza de té) tiene que hablarle a la gente de lo que pasó ayer. Exactamente, durante las últimas veinticuatro horas. Haro, que sólo hablaba de la guerra civil, cumplió perfectamente esta condición. Ni uno sólo de los puñeteros artículos que escribió había pasado por el microondas. Olvidaba decir que el columnista pata negra ha de vivir en Madrid y en mil cochineras hozar. Hay maravillosos escritores de provincias. Con su deliciosa ironía y su desdén. Pero se quedan en eso. En Haro, como en cualquier grande, sobresalía la sintaxis. Hace años un intelectual pretendió hacerme ver que Haro no la respetaba. Quiá! Era impecable. Naturalmente se trataba de una sintaxis oral (la columna se llamó siempre Visto/Oído) que permitía ver del autor hasta las muecas de la cara. Por último está la vidriosa cuestión del yo, siempre temible en España. Es simple. Un columnista es un hombre. Cuando Juan Luis Cebrián tuvo lista la maqueta de El País (el tiránico triunfo del gris que decía (mal dicho) José Luis Guarner) llamó a Umbral y le dijo, precisamente, que necesitaba un hombre. Entonces Haro todavía pertenecía al intelectual colectivo. Los espectáculos que daba Haro en su columna no siempre eran agradables. Se trataba de un viejo hidalgo español que durante los últimos años se dedicó a esparcir, acá y acullá, las vísceras de su pasado. Está bien. Otros se dedican a las églogas. Y se ha muerto en medio, como debe morirse un columnista.

Por eht en Comentarios el Miércoles 19 de Octubre de 2005
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