27 de Septiembre de 2005

Sentido del deber. Crítica: La maldita honra

Sentido del deber de Ernesto Caballero. Intérpretes: Susana Hernández, Beatriz Gras, Natalia Hernández, Carmen Gutiérrez y Nerea Moreno. Teatro del Cruce. Director: Ernesto Caballero. Sala Ítaca. Madrid.

Ernesto Caballero explica en su programa que la violencia contra la mujer no es sólo pasional, o irracional, sino que es ideológica y trata de restituir lo normal, lo correcto, el uso del poder. Para ello encierra su breve obra, que tiene ya un título ideológico, en la enfermería de una casa-cuartel de la Guardia Civil; supone que la Guardia Civil es la guardiana de las tradiciones. El autor encontró el desarrollo de su idea en El médico de su honra de Calderón, obra terrible en la que el vengador sabe que su esposa es inocente pero la sacrifica porque la sospecha es suficiente para acabar con su honor. Sobre esta obra calderoniana hay discusiones: los que creen que con ella don Pedro quería señalar un patrón de comportamiento, y que él estaba del lado del asesino, y la que dice que es una exageración deliberada para mostrar el crimen del honor. Yo soy de los que creen en la primera aserción.

En esta obra queda confuso. La interpreta una compañía compuesta sólo de mujeres, tres de las cuales representan papeles de hombre. Los nombres de todos están tomados de la tragedia de Calderón, con algún disfraz necesario. El hecho de que todas las intérpretes sean mujeres, y todas de uniforme, ayuda a la confusión en el sentido de que el machismo no queda explícito. A ojos de espectadores jóvenes, como ocurría el sábado, aparece como un contraste cómico, y no lo es; algunos se reían como si vieran un chiste de guardias, y está lejos de serlo. Creo que se debe, especialmente, al cuidado de Ernesto Caballero y a su propia honra escénica de no hacer una obra de malos y buenos, sino donde el malo es esa entidad abstracta que es el cumplimiento del deber; no creo que corresponda a la Guardia Civil, sino al hombre de la calle, al civil, si lo consideramos como retrato de la violencia contra la mujer. Sí es verosímil que sea un deseo interno colectivo al mismo tiempo del hombre por restablecer un mundo antiguo, que se va perdiendo.

La obra atrae, la compañía tiene mérito, el autor y director la arregla muy bien en un decorado diminuto y con la luces adecuadas.

Por eht en Crítica el Martes 27 de Septiembre de 2005
Comentarios

Es curioso, ningún comentario ¿por qué será?
Lo que demuestra de manera bastante clara, es que al articulista o columnista (qué más da) lo leen sobre todo hombres, y los que escriben después sus parrafadas que no pueden soltarle a la mujer en casa pues tambien... hombres.

Por : Eduardo el Martes 27 de Septiembre de 2005

No, Eduardo. Creo que simplemente ocurre que las críticas teatrales apenas reciben comentarios. En fin, sin comentarios...

Por : Josep el Miércoles 28 de Septiembre de 2005

Me devuelve la esperanza leer una crítica teatral que rezume un planteamiento moral, una posición de compromiso, y no se limite al análisis ténico de los elementos de la obra.
LLevo toda la vida criticando, en familia, la carga machista de los mensajes artísticos, en teatro, en cine, en televisió, y en publicidad.
Me encanta verme respaldada por una mente lúcida como la de Eduardo aharo Tecglen, que para mayor satisfacción mía, firma con ambos apellidos.
Milagrosa Carrero

Por : Milagrosa Carrero Sánchez el Sábado 8 de Octubre de 2005