24 de Diciembre de 2004

Como son (Publicado en la edición de Cataluña)

Hay quienes creen que conviene provocar a los líderes del PP para que hablen, y se pierdan. Para eso hay que creer previamente que se pierden cuando hablan, y esa opinión seguramente procede de un raro espejismo: el de creer que para que la derecha gane tiene que ser como una izquierda. Nada menos real a la luz de la historia: la derecha es un grupo de personas que tiene resortes de poder, militares o religiosos o económicos, naturalmente con una imparable tendencia a unificar los tres en uno solo –porque lo que llaman espíritu es, como todo, material, materialista-- y eso no ha cambiado jamás, y ganan con su disparate.

Cuando se oye hablar, burlarse de los muertos, amenazar, carcajear a personajes del PP se está oyendo también a Torquemada, la reina Católica, el general Weyler en la guerra de Cuba o Franco como el mas moderno de entre estos ilustres fantasmas del presente. Y se sabe que no son ellos solos: la democracia consiste en que esta derecha creada para mandar representa un gran poder español y universal envuelto en una tragedia de equívocos, desde una masa de los que se creen ricos porque están hipotecados hasta los que lo son de verdad y creen que los socialistas son rojos niveladores que pondrán al final una guillotina en la Puerta del Sol de Madrid para matar a los ricos.

Pensamos, en efecto, que esta pareja de Acebes y Zaplana que han sustituido a Aznar, tras los cuales se asoma un Rajoy aojado por Aznar, son impresentables ante la historia; no nos damos cuenta de que lo que es impresentable es la historia, sobre todo la de España. O no sé: quizá otros países la tengan mas llenas de sangre, trampas, engaños y opresiones. Es cierto que durante viarios siglos, desde Grecia y Roma, y los buenos godos y los inteligentes árabes y los intelectuales judíos, por lo que nos afecta, hemos tratado de afinar ciertas cosas, de firmar algunos compromisos y de fijar unos derechos humanos: pero basta la aparición de un gran truhán como Franco para que todo se vaya al cuerno. O como Bush, para que se vaya al cuerno mayor esa sensación mundial de respeto, garantías y compromisos. Todos sabemos hasta donde puede llegar a un gobierno llamado izquierdas: hasta reformar lo que una empecinada derecha no quiere tocar, no quiere aceptar. Ni un paso más.

Por eht en el Viernes 24 de Diciembre de 2004
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