13 de Diciembre de 2004

Barra Libre

La sensación del día siguiente es la de que ganó Zapatero; no solo a Zaplana y su coro de reidores de gracias del jefe, sino a Aznar. Parece que el tiempo de truculencia, de los destinos del hombre y la patria, de la cruz frente a la luna creciente, han terminado, y vienen los del hombre tranquilo. Esta sensación no afecta a los medios: cada parlante o escribiente apoya al suyo, a aquel del que espera o tiene algo, y cada uno lo hace con la inteligencia o con el cinismo de que es capaz. Aznar fue generoso. Yo, claro, me decanto no por Zapatero, sino contra Aznar, y tengo la sensación de que pude ser uno de los que cayeran en el gran engaño si no hubiera sido porque a Aznar ya no lo creía, porque no creía a su padre, a su abuelo y a sus maestros, jefes, confesores y ángel de la guarda; y porque aún conservo el sentido común. Y porque hace mas de sesenta años que espero que termine la crispación; todavía me digo, alguna mañana que habrá un día en que regrese la normalidad a España. Viejas manías.

Por eht en Barra Libre el Lunes 13 de Diciembre de 2004
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