Crítica: Representación del bien
CRÍTICA: TEATRO
Representación del bien
EDUARDO HARO TECGLEN
EL PAÍS - Espectáculos - 22-11-2004
Himmelweig
De Juan Mayorga. Intérpretes: Alberto Jiménez, Pere Ponce, José Pedro Carrión y otros. Escenografía de Jon Berrondo; iluminación Albert Faura; música: Luis Delgado; vestuario: Alejandro Andújar. Dirección: Antoni Simón. Teatro María Guerrero, Madrid.
El teatro es un arte de la memoria, decía hace poco en un manifiesto Juan Mayorga: "Recordamos todas las guerras desde los griegos. Todas las víctimas, cada una de ellas. Y todas ellas están hoy, otra vez, en peligro" . Esta obra de titulo en alemán -Camino del cielo, en castellano- recuerda a las de los campos de concentración de judíos en Alemania. Su texto es suficientemente amplio como para recordarnos las de cada día, menos espectaculares. Digo que menos espectaculares porque entonces creíamos que si se supiera lo que estaba pasando no se soportaría. Hoy lo sabemos, las vemos al despertar en el diario, a la hora de comer y durante todo el día en la televisión, y las soportamos perfectamente, junto con las imágenes de nuestras víctimas diarias en las fronteras de agua.
Mayorga hace un parábola con la representación. No ha de verse -concretamente, un delegado de la Cruz Roja- la crudeza del campo; los encerrados en él han de representar una vida apacible, una ciudad de confinamiento con su reloj histórico en la torre, sus novios en el columpio, los niños en el parque. Un teatro. El comandante del campo nombra un director preso para que adiestre a sus compañeros en la representación para un solo día, en la representación para un espectador que no se sabe quién es ni para qué acude. La representación se convierte en metáfora de todo el mundo: imitar, fingir, para vivir.
Mayorga es un buen escritor. El texto está escrito con la profundidad y al mismo tiempo la sencillez necesaria para ser comprendido. Únicamente esta obra tiene un defecto: no está trabajada para el teatro. Hace muchos años me irritaba la expresión "carpintería teatral" para aludir a los efectos y manejos, a veces tontos, para impresionar al público o para dejar colgando la acción hasta el acto siguiente. La carpintería fue sustituida por el neologismo "dramaturgia", que podía encargarse a alguien que no fuera el autor, al que se quitaba su condición de "dramaturgo". En todo caso, en la preceptiva tiene su lugar: unas reglas que empezaron con Aristóteles y no han terminado todavía. Mayorga las desafía, y falla. La primera media hora está a cargo de un monologuista -el delegado de la Cruz Roja- que lo cuenta todo: quita cualquier posibilidad de sorpresa. Siguen otros monólogos que relatan lo que vemos, o fingen ser conversaciones. El resultado procura el cansancio; francamente, el aburrimiento del espectador.
Se mezcla con su respeto: al tema sangrante y su actualidad, al texto, a la evocación a la interpretación -Juan Pedro Carrión especialmente-, y el resultado con aplausos pacifistas y honestos, piedad por las víctimas de estos sucesos y admiración por quien los hace representar y por los representantes. Dentro de un escenario onírico y móvil que añade espanto a la palabra, dentro de una historia trágica.
"La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la
corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en
todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo
gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica,
lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las
cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.
Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el
velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad -lacrima coeli -
una llovizna fina y gris.
El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías,
sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz
palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos
camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección
Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos
tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su
espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange.
Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy,
ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo
Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José
Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del
Generalísimo.
Y así, en este día de dolor -Dies Irae- a las once -once campanadas densas
de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia-, la
corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha
llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas -cirios
encendidos en sus manos- ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en
el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado
está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor
en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los
registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos
parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el
mármol vela su cuerpo.
Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan
firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó".
Rcomiendo sus artículos de juventud, por ejemplo "Dies Irae", publicado en Informaciones, Madrid, el 20 de noviembre de 1944 (¿les suena le fecha): "Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo (...) El subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina (...) La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange (...) Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó". La arqueología periodística es muy divertida.
Por : Pedro Fandos el Lunes 6 de Diciembre de 2004