24 de Noviembre de 2004

'El señor Ibrahim y las flores del Corán'

Crítica: Buenos sentimientos

CRÍTICA: TEATRO 'El señor Ibrahim y las flores del Corán'

Buenos sentimientos

EDUARDO HARO TECGLEN

EL PAÍS  -  Espectáculos - 24-11-2004

El señor Ibrahim y las flores del Corán

De Eric-Emmanuel Schmitt. Dramaturgia y dirección de Ernesto Caballero. Intérpretes: J.Margallo y J. Ortega. Escenografía de José Luis Raymond. Vestuario, Gema Rabasco. Iluminación, Miguel Camacho. Música, Ali Reza Gholami.Teatro María Guerrero, Sala de la Princesa. Madrid.

Eric-Emmanuel Schmitt lleva diez años de moda en París y por lo tanto en gran parte del mundo: ha cumplido poco más de cuarenta. Es novelista, autor de teatro; nació en una familia atea, y en algún momento "vio la luz", como se suele decir. En esta breve y famosa obra -se hizo una película de éxito mundial con Omar Sharif- tiende hacia el Corán. Se suele decir de ella que es un puente tendido entre árabes y judíos. A mí no me lo parece. Sino una exaltación del teísmo musulmán.

El señor Ibrahim es un árabe como tantos que tienen su tiendas de todo -pequeños bazares: bazar es una palabra tan árabe como magacín- en un barrio pobre de París: hay una población de judíos modestos, de prostitutas baratas en torno al lugar.

Entra a comprar un chico hebreo, Moisés, al que él llamará Momo. Y al que terminará adoptando. Moisés empieza robándole una lata de sardinas, y recibe una buena lección de bondad y generosidad: poco a poco se le van desvelando otras flores del Corán, que llega a leer él mismo por su gusto.

Mientras en su casa van sucediendo desgracias tras desgracias y se queda solo, la tienda se hace su hogar y el señor Ibrahim su padre. Fingen hasta un viaje a las tierras asiáticas de donde llegó Ibrahim. En la película se ve el viaje real; y las calles, y las putas de las que también aprende el joven Moisés: habrá quien la prefiera.

Monólogo

El encanto de la obra es el monólogo de Ibrahim -excelente Juan Margallo- y la lenta y un poco sosa conversión del joven hebreo: no a la doctrina islámica, sino a las "flores del Corán" que le muestra su maestro que, cuando muere, le deja la tienda en herencia y la sabiduría también.

La dirección de Ernesto Caballero mueve a sus personajes en un pequeño espacio rodeado de público y consigue darle movilidad a la conversación. El decorado es justo, sugerente. Y el público acepta la buena conciencia, y el buen arte de quienes trabajan.

Por eht en Crítica el Miércoles 24 de Noviembre de 2004
Comentarios

No he visto maestro, ningún comentario sobre el último premio nacional de teatro, cosa que me parece rara. Me gustaría que comentase algo al respecto, sobre la trayectoria y la profesionalidad del señor Monleon.

Un saludo.

Por : lector el Jueves 25 de Noviembre de 2004