CRÍTICA: CIRCO 'Dralion'
Azul y suave
EDUARDO HARO TECGLEN
Cirque du Soleil
Casa de Campo, Madrid.
No busquen mucho la etimología del título de este nuevo espectáculo del Cirque du Soleil: es un invento formado por las sílabas Dra, de dragón, y lion. China, dicen, y Occidente, al que ellos suponen que pertenecen los leones. Con respecto a Oriente, se añade que este espectáculo "deriva para su inspiración de la filosofía del Este con su perpetua busca de la armonía entre la humanidad y la naturaleza", según traduzco de su propia publicidad, porque por mí mismo no hubiera llegado nunca a descubrirlo, y quizá me hubiera colgado atónito del suspenso entre la posibilidad de la oposición de humanidad y naturaleza, de su interacción y sus identidades, y de algunas cosas más bastante inútiles que no tienen nada que ver.
Mi impresión personal ante la belleza de este espectáculo (aunque una parte la pasé alienado por el esfuerzo de haber trepado por desmontes y matorrales para llegar hasta allí, y la angustia de que tendría que marcharme de la misma manera) es que se trata de un circo chino muy perfecto, con sus números tradicionales de saltadores y trapecios, con una zaragata muy occidental que gana mucho tiempo entre número y número y lo hace muy bien; con un guión de puesta en escena, de decorados y vestuario que le dan su belleza: su luz azul tradicional, sus tonos plateados y la suavidad y sencillez con que ocurre todo. Sin riesgo: lejos de los circos de la tradición gladiadora, éste se basa en la seguridad de los artistas, protegidos en la altura por los cables que impedirían el desastre. "Estafas", se llaman o llamaban estos cables de seguridad en el circo español; aquí no lo son, sino que se hacen directamente visibles y partícipes en el espectáculo, donde los descensos se hacen con su ayuda en honor de la suavidad. Se admira tanto como a los artistas a quienes están ocultos haciendo moverse una maquinaria perfecta, una mecánica que ayuda a todo; y a quienes lo han ideado.
No es necesario, claro, describir una vez más a estos visitantes anuales de Madrid; antes de la primera representación estaban ya vendidas las entradas y el público ovacionó una y otra vez a todos, satisfechos de su inversión en belleza simple y en admiración.
Ignoro la razón. Detesto el circo.
Por lo que cuando mi adorado Cartman salió echando pestes de una sesión de mariconadas (como gritaba desaforado)en uno de los episodios de South Park, me sentí tan realizadina....que casi lloro de la risa.
Ya lo siento.
:o(
Por : Miranda el Martes 19 de Octubre de 2004El 'León' de Occidente es Inglaterra.
Por : En Voz Alta el Martes 19 de Octubre de 2004MIRANDA YO TAMBIEN ODIO EL CIRCO DESDE Q ERA NIÑO CHICO,..ENTRABA ALLI PA VER UN ESPECTACULO Y COGIA UNAS DEPRESIONES TREMENDAS,..ESA GENTE ALLI VIVIENDO CASI COMO GITANOS DE ASFALTO,LOS ANIMALES TO DEPRIMIDOS,...DESDE CHICO,MACHO,.Q SE YO EL POR QUE! hasta la peli sobre el tema de De Mille con James Stewart haciendo de un patetico payaso y la otra "Trapecio" con Tony Curtis me deprimian hasta ahora.
Por : el calé el Martes 19 de Octubre de 2004Coñe! Calé, lo mismo me pasaba, igual por otras cosas, las medias rotas de las contorsionistas, y sí, los pobres bichos y el olor...pero es que los payasos me daban miedo y asco, las dos cosas.
Luego cuando leí IT lo comprendí todo.
En fin, lo que más me fastidia del circo puede que sea lo que más me joroba del deporte, eso de la marca, o del más difícil todavía.
Nada, que no...que no puedo con ello.
Ese trabajo esmeril enretorciéndose, contorsionándose y eso...
Supongo que todo envuelto en la cosa de luces le gustará al personal, a mí me da repelus, me parece una imbecilidad.
Pero supongo que tiene que haber de todo.
Tampoco me gustan la comida japo ni las ostras (un decir) y supongo que los respectives productores tienen derecho a ganarse la vida.
Así sea...
M.
Por : Miranda el Martes 19 de Octubre de 2004