¿Qué mujer? (24/09/04)
Cuando se habla de la cuestión de la mujer, siempre me quedo un poco perplejo: no se de qué mujer hablan. No es lo mismo una doctora que una campesina, una rica que una pobre. Nos están fragmentando por todas partes, por edades o por sexos, por barrios ricos o pobres, por autonomías o por profesiones, por títulos, por colegios, por ropa, y yo no suelo ver, todavía, mas que un problema profundo de clases sociales.
La clase alta ha conseguido que nos dividamos, nos separemos y nos enfrentemos unos con otros, para que dejemos de lado el verdadero problema de un país donde hay profundidades inmensas en las rentas individuales. Cuando un diputado del PP, el miércoles, se reía de la ministra de cultura porque hablaba de una blusa “muy mona”, o cuando todos atacaban a las que desfilaron con modelos de alta costura española, no atacan a la mujer, sino a la clase que algunas representan en política. Es algo que no hay que perder de vista.
El otro día al hilo de una broma que hice sobre algunas conocidas, me di cuenta de lo cuidadosa que tengo que ser, incluso entre mis congéneres, con las palabras...y por lo tanto con mis ideas, dado que nunca he sabido disociar la velocidad en interrelación de unas y otras.
Y eso me fastidia considerablemente.
Quiero decir, me produce la desazón de lo que escapa a mi voluntad, y me deja indefensa.
Son muchos siglos de diferencias, lo sé, muchos años de indefensión legal, también lo sé.
Pero no puedo por menos que sentirme incómoda ante actos, leyes y hechos que benefician la diferencia en pro de la igualdad.
No me parece ni justo ni cabal. Es tan injusto que una mujer cobre menos por serlo, como que una mujer acceda a un puesto por cupo. La misma mierda subliminal.
Y claro, creo que está feo hasta decirlo...y eso es la cola de la pescadilla esa que se muerde y gira.
Me fastidia que esas ministras se sientan obligadas a hacerse una foto especial por ser ocho, porque las razones para serlo son mi rueda de molino, y me fastidia que se las critique porque ejerzan de lo que las ha puesto ahí. La feminidad de las narices.
El PP protesta por ello, y hace chanza de lo poco agraciadas que son...hace falta valor para siendo tuerto llamar birojo a alguien....pero es la cosa hispana esa nuestra, tan racial, que menos que los que se consideran genuínos ejerzan de ello: el bocazas chancero, tan de tasca.
En fin, que me fastidia ser considerada de forma especial (legalmente, me refiero) por mi sexo, como si fuera un lince ibérico con rulos. Preferiría equidad y justicia con la debida eficacia y discrección.
Así igual podría digerir con tranquilidad las fotos de las soldados ejerciendo de hijas de puta torturadoras con la misma eficacia y maldad como la de cualquier macho de Guantánamo, la morisma, o de la jungla.
Y una vez digerido, en equidad, intentar sobrevivir como persona pensando que hay una esperanza de futuro a pesar de todo, como dice esa persona de sexo masculino que hoy es mi presidente y del que se chanzan tanto o más que de las mujeres. Porque ejercer de bueno, que duda cabe, es mucho peor que tener la regla.
Y dicho esto...salvo que no me gusta que me pongan los abrigos, me encantan los hombres educados que te llevan por dentro de la acera, te ayudan con las cosas pesadas, te abren las puertas y te ceden el paso.
Un poco de por favor....
M.
A mí también me gustan las mujeres educadas que me ceden el paso, me ayudan cuando llevo peso, me abren la puerta e incluso me sujetan el abrigo para hacérmelo más fácil. Y me gusta hacer esos pequeños gestos a hombres y a mujeres.
Por : Bo Peep el Martes 28 de Septiembre de 2004