Se repite en los discursos el término "nuevo socialismo"; a veces se concreta de otra forma y se dice "socialismo de los ciudadanos". No lo entiendo bien. Si alguna vez no fue de los ciudadanos, es que no era socialismo. Tampoco estoy muy seguro de que lo sea ahora: se es lo que se puede dentro de unas circunstancias. No siendo de ese partido, el tema sólo me interesa como la posibilidad de gobernar España en las circunstancias actuales; y sobre todo, en la de modificar las circunstancias para aproximarse más a una izquierda que espera y que en esa expectación se suma a él. Hasta estos cien días que una convención universal concede a los cambios de gobierno observo algo grato, que es la disolución del aznarismo, el destrozo de las disposiciones de una derecha que configuró España. Los cambios en la enseñanza, la admisión de la homosexualidad como parejas oficiales, la retirada de las tropas en Irak enturbiada por el envío a Afganistán, la elevación del sueldo mínimo garantizado, la supresión de la enseñanza religiosa obligatoria, son todas razones y lógicas que habían sido atropelladas; una limpieza del estiércol. Me parece también que Zapatero está recuperando algo de la normalidad psicológica perdida; una cura ventajosa de los complejos de inferioridad de la izquierda española desde que Franco ganó la guerra.
Convertidos en antiespañoles, comecuras, asesinos y esclavos de la URSS, los españoles que no eran franquistas ni aznaristas después parecían de segundas. Ellos eran España, y si no había otra manera de demostrarlo, lo hacían con banderas gigantes. Aznar era ya el personaje del teatro de Marquina que gritaba "¡España y yo somos así, señora!": la identificación del individuo dominante con una idea supuesta enraizada en la posesión de lo que se llamó "solar patrio". Y la palabra solar está muy identificada con la derecha eterna: nunca había costado más caro en España. Yo no estoy nada seguro de que el "nuevo socialismo" vaya a restaurar la España perdida en 1936-1939 y nunca encontrada; ni vaya a llegar al paso de otras democracias menos deterioradas; pero acuchillar la cazcarria y el estiércol del aznarismo me parece bastante hasta ahora.
No sé si usted lee los comentarios, Sr. Haro, por si los lee, le mando un beso de buenos días. Fresquito y crujiente como un pan. Se lo merece.
Por : maria el Miércoles 14 de Julio de 2004Y difícil va a ser restaurar lo que han deshecho en estos 8 años, con tiempo, quizás en otros 8, pero para eso habrá que volver a ganar dentro de cuatro años.
Por : Flashman el Miércoles 14 de Julio de 2004"Si alguna vez no fue de los ciudadanos, es que no era socialismo". Olé, maese Haro.Por cierto, si puede, visite www.13m.org.
Por : Alvaro el Miércoles 14 de Julio de 2004"una limpieza del estiércol"
Por : j el Miércoles 14 de Julio de 2004Estaba aquí leyendo este artículo y me da la impresión que el comentario que hace el autor a propósito del suelo, es un "non sequitur". El intenta relacionar el precio alto del suelo con la derecha, y el modo por el cual llega a ello, es mediante la palabra "solar", relacionando "solar patrio" con el precio del suelo.
Este razonamiento se me antoja erróneo. Tenía la impresión de que el suelo había subido porque la bolsa había bajado, y al estar los tipos de interés de las hipotecas tan bajos, la gente habría preferido invertir en propiedad inmobiliaria. Al invertir todos en lo mismo, subiría el precio del suelo.
El precio del suelo ha subido también en países como el Reino Unido o Irlanda. En el Reino Unido gobiernan los laboristas. Quizás se pudiera decir que los laboristas no representan a la izquierda.
El artículo implica que con un gobierno de izquierdas, el suelo estaría más barato. No sé bien si hay algún partido en España que el articulista considerase verdaderamente de izquierdas.
Digamos por poner un ejemplo, que la República Popular China pudiera considerarse como gobernada por la izquierda en un sentido tradicional del término. Cabría esperar que los precios de las casas allí no subiesen tanto, o que permaneciesen estables. Una búsqueda en internet de los precios de las casas digamos en Shanghai, no muestra esto.
No digo que la forma de un artículo no sea importante, pero creo que el contenido no ha tenido la misma atención.
Por : bacterio el Miércoles 14 de Julio de 2004
Está usted confundiendo un artículo (y sus no leyes) con una argumentación ponente.
Las deducciones sobre lo que "implica" son tan subjetivas como la exposición/comentario que hace.
Supongo que conocerá esta preciosa web: http://www.usoderazon.com/
Y si no es así, en lo sucesivo (dado que seguro que domina la materia) igual nos comenta su perspectiva personal y subjetiva opinión sobre los precios de la vivienda...en Europa, por ejemplo, en comparación con la renta per cápita.
Esperons....
M.
Por : Miranda el Jueves 15 de Julio de 2004Ay, escribo algo en la internet y me mandan deberes.
Le agradecería me indicase si la relación precio del suelo - gobierno de derechas existe y porqué es así, o su opinión al respecto en vista de la afirmación del autor. También que me indicase dónde es errónea mi argumentación.
Desconocía la página que me indica, dado que lo único que suelo leer es boingboing y cosas así.
Respecto a los deberes, no sé si podría darle una impresión subjetiva de la relación entre la renta per cápita y los precios de la vivienda.Lo que he leído por ahí, es que los precios de las casas están actualmente a niveles muy altos en comparación con los ingresos en el Reino Unido, Irlanda, Holanda y España. Aproximadamente un 50% por encima de la media de los últimos treinta años.
Así, en el Reino Unido los precios de la vivienda, tomando 100 como base (la media de precios entre 1975 y 2003) estarían actualmente a un nivel de 150, estando Australia a 130 y EEUU a 120.
Sospecho que la estructura de precios de la vivienda estará determinada por una variedad de factores. El principal sería los bajos tipos de interés marcados por los bancos centrales, que permiten a los ciudadanos endeudarse más allá de su capacidad. Esto es más evidente en la zona del euro. El modelo simplista que he mencionado anteriormente también tendría que completarse con factores como el precio del petróleo, y elementos locales como la inversión directa desde el extranjero en Irlanda, o el paso de "dinero negro" en países de la zona del euro como España.
Por : bacterio el Jueves 15 de Julio de 2004
Hombre, mi consejo de la webe era para evitarnos la pamema sabihonda del sofisma, la falacia,la sinecdoque, el meme y la memez...
Dice usted:
"El artículo implica que con un gobierno de izquierdas, el suelo estaría más barato. No sé bien si hay algún partido en España que el articulista considerase verdaderamente de izquierdas."
Y es como para que Don Ricardo G.D. se tire el resto de lo que le queda in albis...enumerando falacias y sinecdoques y que la abuela fuma y tal...una pus.
(pensaba que a estas horas no andaba nadie por la autopista internauta en estos "globos").
M.
Por : Miranda el Jueves 15 de Julio de 2004Si es que no hay como leer las páginas de los famosos de la tele.
Por : bacterio el Jueves 15 de Julio de 2004Don Manuel Escudero Zamora ya se refirio a dicha cuestión en el Diario EL PAIS el 13/07/04 y en terminos identicos se han expresado desde las siguientes paginas web: http://www.democraciacivica.net y http://www.socialismociudadano.org
Agradecer en cualquier caso sus agudas observaciones de la realidad de ese "niño republicano" que sigo atentamente. Me permito, para sus lectores, entre los que me incluyo, transcribir el referido articulo:
¿Socialismo de los ciudadanos?
TRIBUNA: MANUEL ESCUDERO
¿Socialismo de los ciudadanos?
Manuel Escudero es profesor de Macroeconomía y Análisis Político Internacional. Instituto de Empresa
EL PAÍS | Opinión - 13-07-2004
Disiento de quienes piensan que el pasado cónclave socialista no ha tenido contenido político y de ideas. Merece particular interés detenerse en el concepto central presentado por Rodríguez Zapatero en su discurso de clausura del 36º Congreso del PSOE: el "socialismo de los ciudadanos".
Este concepto, bastante novedoso, ¿fue sencillamente un recurso de marketing feliz, como redondo broche de oro? ¿O fue, más bien, un embrión de un nuevo intento innovador para actualizar el pensamiento socialista?
Yo quiero pensar que se trata más de lo segundo que de lo primero. Lo digo porque, efectivamente, o el socialismo del siglo XXI es de los ciudadanos o no conseguirá en cuanto a renovación algo que vaya más allá de los magros resultados y el corto recorrido que ha tenido la Tercera Vía de Blair.
La piedra de toque, el único fundamento posible para repensar el socialismo en clave ciudadana, consiste en que hoy nos encontramos con un gran sector electoral compuesto por "nuevos ciudadanos". Se trata, por un lado, de ciudadanos que, debido a las transformaciones sociales producidas por el Estado de bienestar, están mucho mejor formados que en el pasado. Que, por ello, tienen una autonomía moral mucho más desarrollada. Y que, en consecuencia, miran con criterio propio a la política, son mucho menos manipulables y tienen otros intereses de agenda pública aparte de los suministrados por la política.
Pero hay otro fenómeno que también ha hecho de ellos "nuevos ciudadanos". La humanidad ha dado un salto enorme de reflexividad con la creación de las redes virtuales. Todos nos informamos de todo al mismo tiempo en todo el mundo, y todos tenemos acceso a los mismos análisis globales. Debido a ello, ha aumentado la capacidad preventiva de la estirpe humana, su habilidad para ser consciente de las consecuencias de sus propios actos. Y por ello se tejen con rapidez estados de conciencia muy compartidos por millones de ciudadanos a escala global.
De este modo ha surgido y se ha afianzado, en esa encrucijada global a la que hacía referencia hace unos días en este periódico el teórico del cosmopolitismo, David Held, una nueva conciencia difusa pero inequívoca, que se cimenta en tres creencias: la adhesión y defensa de los derechos humanos, la adhesión y defensa de una reorientación ecológica a escala planetaria y la convicción de que la globalización económica tiene que progresar en paralelo a la justicia social en todo el mundo. Estos principios ya son universales, en el sentido de que son profesados de modo activo por millones de personas, por encima de las fronteras.
De resultas de ello han surgido redes difusas de movilización ante lesiones flagrantes a estos principios. Y han surgido, país a país, nuevas organizaciones cívico-políticas nutridas por esos nuevos ciudadanos activos. Porque, no nos engañemos, las nuevas ONG, una gran parte de ellas al menos, no son organizaciones puramente sociales y ciudadanas: contienen muy a menudo una carga política indudable, un programa político más o menos desarrollado y sustentado en esos principios.
De ser cierto lo dicho hasta aquí, nos encontramos, inopinadamente, ante un nuevo sujeto político, que ya no es un sujeto colectivo como antaño lo era la clase obrera en bloque, sino que está formado por millones de ciudadanos individuales y moralmente autónomos, conectados de un modo muy desesctructurado a través de redes, con potencial de intervención en la agenda pública, tanto a escala global como al interior de los países.
Estos ciudadanos activos, que quieren ser tratados de tú a tú por la política tradicional, demandan, inequívocamente, unas nuevas reglas de juego: a la política le piden un nuevo contrato politico y a las empresas le piden un nuevo contrato social. Es por ello por lo que ha surgido, como un poderoso movimiento de responsabilidad social de las empresas.
¿En que consiste ese nuevo contrato politico que demandan los nuevos ciudadanos?. Creo que tiene dos componentes.
El primero es la petición a los partidos politicos tradicionales para que, de una vez, dejen de lado la “realpolitik” y aumenten su carga de “reformismo utópico”, cogiendo por los cuernos la necesidad de mas multilateralismo, de mas voz para los países menos beneficiados por la globalización, de una nueva arquitectura mundial basada en el dialogo pacifico, en la convergencia económica y el progreso social compartido. Es decir, la petición de que los partidos políticos abran espacios de actuación más allá de su dinámica electoral cortoplacista.
La segunda petición es, sin duda, la de una democracia representativa mas genuina: el la que no todo sea dar el voto; en la que los ciudadanos sean mas genuinamente representados, en la que tengan mayores posibilidades de control de quienes los representan; en la que haya mas deliberación con la gente, mas participación de la gente en la agenda publica, menos barreras de entrada, menos profesionalización de la política y menos distancia entre políticos y ciudadanos.
Hay que ser conscientes de la novedad teórica que implica este planteamiento. Por un lado, porque sugiere un nuevo sujeto como motor del progreso en el mundo actual: los ciudadanos activos. En segundo lugar, porque va mucho más allá de las tesis formuladas por los modernos teóricos de la democracia y el republicanismo: pues éstos se han referido hasta la fecha al perfeccionamiento institucional de la democracia, pero aquí se habla de una nueva fuerza social que sería el motor de ese perfeccionamiento.
Hay que ser también conscientes de los retos que supone interpretar el concepto del "socialismo de los ciudadanos" como núcleo central de una nueva teoría que repiensa el socialismo en el siglo XXI. Retos teóricos, sin duda, como el de la consistencia que pudiera tener ese nuevo sujeto. Y retos prácticos para la política tradicional tanto en el terreno internacional como en el de la construcción de una democracia representativa mucho más ciudadana en cada país. Por ejemplo, de ser cierta la reflexión que aquí se hace, los partidos de la izquierda habrían de aumentar mucho el grado de competencia y transparencia en su funcionamiento interno, y el episodio de la abolición de las listas abiertas dentro del PSOE no sería sino eso, un episodio en un partido que, sin embargo, en el largo plazo está condenado a la búsqueda de mecanismos que hagan más cívica la vida de los partidos políticos.
Por último, habría que ser conscientes de los potenciales beneficios de construir una nueva teoría y estrategia política basada en el concepto de un "socialismo ciudadano": el socialismo no se ha adaptado aún a la época de la globalización; la Tercera Vía de Blair ha terminado contra las cuerdas en los desiertos de Irak. Y, como alternativa, un socialismo que refuerce los rasgos radicales de sus convicciones democráticas, que ofrezca un nuevo contrato político a los nuevos ciudadanos y que sea la avanzadilla de "otro mundo posible", puede ofrecer respuestas a muchos de los grandes problemas del siglo XXI.
Por : FELIPE MARTINEZ CAÑIBANO el Viernes 17 de Septiembre de 2004