21 de Junio de 2004

Guerras sin nombre

Los aniversarios felices, como el del desembarco angloamericano de 1944 en Europa; o los cimientos del futuro en forma de Constitución, sirven para celebrar que desde que cayó Hitler no ha habido guerras en Europa: jamás, dicen, ha conocido este continente culto de tan larga paz. Para lo cual tenemos que no llamar guerras a las operaciones militares, con sus bajas propias y ajenas. Y olvidar del todo la “guerra fría”, que no se calentó. No pensemos en Indochina ni en Argelia, ni en la India o Egipto: la alegría y el himno de nuestro Miguel Ríos sobre la Novena se refieren a Europa contra sí misma. ¿Qué hacemos con los Balcanes? Tito murió, le sucedió Milosevic al que después de esa guerra hicimos prisionero y está en raro juicio en la Europa pacifista (la semana pasada el prisionero llamó como testigo a Clinton): parece que es el único jefe mundial culpable de crímenes de guerra. Intervinimos, los europeos, contra ese país europeo, con la OTAN: cuando aparecen siglas –OTAN UEO, ONU—las guerras adquieren moral. Desmontamos un país que costó mucho trabajo unir con de regiones hostiles entre sí por los intereses de la Europa rubia: desapareció Yugoslavia. Recordemos los nombres ensangrentados de Bosnia, Serbia, Croacia. Los pequeños países no han levantado cabeza: todavía hay matanzas de cuando en cuando. Por intereses de la Europa Central. Hay racismo para hacer desaparecer los eslavos del Sur a los que, por ese racismo, apoyaban los eslavos del Norte, o sea Rusia y sus repúblicas internas, que en cualquier pueden empezar guerras mayores, si es que no es una guerra la de Chechenia. Odiábamos a los rusos centrales por esa guerra contra un pueblo pequeño que quería independencia; les admiramos después porque el desgraciado chechenio ha pasado de ser heroico a terrorista, y la utilización de “terrorismo” le convierte en innoble. Polonia, la mas aguerrida de las naciones dominadas por el comunismo, destapa también su odio a Rusia, que tambien mantienen y tendrán siempre los alemanes, que se siguen creyendo arios aunque la palabra sea hoy impronunciable por hitleriana . Y parece que la denominación de “caucásica” de los “arios”, normal en Estados Unidos, aquí no se puede utilizar, porque el Caucaso es ya Asia… “Asiáticos” llamaban los franquistas y otros nazis a los rusos… Guerra no: pacificación, intervención, liberación, democratización. ¡Defensa propia! Cuando Argelia, algunos franceses llamaron a sus intervenciones lo que en español llamaríamos “desratización”; los argelinos eran “ratas”. Uno de los mas famosos torturadores, el entonces es llamado “paracaidista Le Pen”, tuvo millones de votos en las últimas elecciones presidenciales.

Por Eduardo Haro Tecglen en Visto/Oído el Lunes 21 de Junio de 2004
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