Los aniversarios felices, como el del desembarco angloamericano de 1944 en Europa; o los cimientos del futuro en forma de Constitución, sirven para celebrar que desde que cayó Hitler no ha habido guerras en Europa: jamás, dicen, ha conocido este continente culto de tan larga paz. Para lo cual tenemos que no llamar guerras a las operaciones militares, con sus bajas propias y ajenas. Y olvidar del todo la “guerra fría”, que no se calentó. No pensemos en Indochina ni en Argelia, ni en la India o Egipto: la alegría y el himno de nuestro Miguel Ríos sobre la Novena se refieren a Europa contra sí misma. ¿Qué hacemos con los Balcanes? Tito murió, le sucedió Milosevic al que después de esa guerra hicimos prisionero y está en raro juicio en la Europa pacifista (la semana pasada el prisionero llamó como testigo a Clinton): parece que es el único jefe mundial culpable de crímenes de guerra. Intervinimos, los europeos, contra ese país europeo, con la OTAN: cuando aparecen siglas –OTAN UEO, ONU—las guerras adquieren moral. Desmontamos un país que costó mucho trabajo unir con de regiones hostiles entre sí por los intereses de la Europa rubia: desapareció Yugoslavia. Recordemos los nombres ensangrentados de Bosnia, Serbia, Croacia. Los pequeños países no han levantado cabeza: todavía hay matanzas de cuando en cuando. Por intereses de la Europa Central. Hay racismo para hacer desaparecer los eslavos del Sur a los que, por ese racismo, apoyaban los eslavos del Norte, o sea Rusia y sus repúblicas internas, que en cualquier pueden empezar guerras mayores, si es que no es una guerra la de Chechenia. Odiábamos a los rusos centrales por esa guerra contra un pueblo pequeño que quería independencia; les admiramos después porque el desgraciado chechenio ha pasado de ser heroico a terrorista, y la utilización de “terrorismo” le convierte en innoble. Polonia, la mas aguerrida de las naciones dominadas por el comunismo, destapa también su odio a Rusia, que tambien mantienen y tendrán siempre los alemanes, que se siguen creyendo arios aunque la palabra sea hoy impronunciable por hitleriana . Y parece que la denominación de “caucásica” de los “arios”, normal en Estados Unidos, aquí no se puede utilizar, porque el Caucaso es ya Asia… “Asiáticos” llamaban los franquistas y otros nazis a los rusos… Guerra no: pacificación, intervención, liberación, democratización. ¡Defensa propia! Cuando Argelia, algunos franceses llamaron a sus intervenciones lo que en español llamaríamos “desratización”; los argelinos eran “ratas”. Uno de los mas famosos torturadores, el entonces es llamado “paracaidista Le Pen”, tuvo millones de votos en las últimas elecciones presidenciales.