Algunos se han se han expuesto (han pasado riesgos, han sufrido daños) por mantener que algunas de las creaciones políticas que Aznar y su cuadrilla imitaban las libertades democráticas: en los posibles daños recibidos –aunque no haya sido mas que el exilio interno – les sostenía la idea de que un cambio de gobierno podría restablecer no digo que la democracia, porque eso es mas un ideal que una ideología; mas que un proyecto, un arma para destrozar paises como Irán, Afganistán o Palestina: pero si el regreso de una sociedad legal. Cuando se ve que un gobierno surgido por reacción comienza a barrer las corrupciones, empieza a luchar contra las corrupciones legales y las bravatas de discurso heróico, se siente satisfacción. Fuera las tropas del Irak, fuera el conjunto de leyes de educación, fuera las prohibiciones religiosas: viva el sexo libre. Si hay en cambio, destellos de continuismo, resucita el peligro de las socialdemocracias, que tuvieron buen cuidado de aislarse de sus amigos de la izquierda y de la república y hasta de pedir que los votos de izquierda se sumaran a la «utilidad nacional»: es decir, a expulsar a Aznar entre el deshonowor y la vergüenza del tramposo. Me refiero al golpe de ahora de la resurrección de la Ley de Partidos para echar a HZ de las eleciones europeas; y a la Ley de Extrangería para expulsar islámicos contra los que no se tienen acusaciones penables viables. La ley del sospechoso, como las de vagos y maleantes, o la de la «mala pinta» que era ya el colmo de la justicia ocular y del arte de la moda, reaparecen: no como textos, sino como prácticas. Son un continuismo y, lo que es peor, una consecuencia de la política de pactos, a la que nunca renunció Zapatero; mas bien renunció a él el aznarismo para aislarle, y aún ahora los mas enfáticos del régimen perdido le siguen azuzando por separatista. Algunas bases de la democracia real están en un par de cosas que se violan en estas legalidades aburdas: el pensamiento no delinque, y la expresión es libre. Aznar y Mayor Oreja, que reaparece ahora en unas elecciones como si no hubiera hecho daño a su partido, a la inteligencia, a la pacificación, se ven continuados por este gobierno cuyos fiscales y magistrados constitucionalesinvalidan a HZ para las elecciones porque entre ellos hay quienes fueron de Batusana, víctima a su vez de la ley inicua: ilegal porque no expresó un pensamiento contra el terrorismo. Castigar la no expresión es hitleraino, por no decir mandarinesco. Si unos extranjeros no son delincuentes ni lo expresan, expulsarles por sospcechos a un paìs donde la justicia es irregular, no es democrático. Muchos de entrenosotros hemos condenado esas leyes publicamente: no vamos a callar ahora.