Vi dimitir al jefe de la CIA, con su discurso de adiós a sus queridos espías trasmitido en directo por CNN Plus, y me pareció como los conservadores de aquí: un elogio inverosímil y exagerado a sí mismo y su trabajo, una corbata rosa pastel para su traje oscuro y una lágrima que se secó con el dedo pulgar. Es víctima de una injusticia, pero eso no lo dijo. Carga con la culpa de haber acusado a Irak de lo que no pasaba y, por lo tanto, por haber provocado esta guerra monstruosa que está arruinando la credibilidad democrática de su país. En general, los grandes espías orgánicos, con despacho y nombre conocido, informan a sus jefes de lo que estos quieren, y eso ocurre también aquí; luego los jefes no dimiten y les culpan a ellos. No es una profesión muy honorable. Lo que importa es que este hombre es parecido en todo a sus iguales de la política conservadora; aquí no han dimitido, han sido despedidos por haber creído aquellos informes. Ah, cuidado: me ha parecido ver a Zapatero con traje oscuro y corbata color pastel: mas vale que se corrija.-