10 de Octubre de 2003

Violencias

De todos los tiempos que he vivido este del momento es el de menor violencia: en España y fuera. Quien nació a la vida maldiciendo a los italianos que asesinaban a los abisinios sigue maldiciendo el crímen de Estados Unidos contra Irak o Afganistán. Quienes llorábamos y nos dolíamos por lo que les pasaba a los judíos en Alemania, nos indignamos hoy por lo que hacen ellos mismos con los palestinos. No se puede contar el siglo XX de España sin dar primer lugar a la violencia: África, el pistolerismo, la ley de fugas, el garrote y no hablemos de la guerra civil, que fue entera un crimen y además ganaron los malos. El primer plano en el que se ha puesto a un asesinato de fútbol es lógico: es uno de esos repugnantes sucesos en el que muere quien quiere impedir un linchamiento, está metido en la violencia del deporte y sirve para que todos repudiemos una vez mas lo que tenemos en la mente: las muchachas muertas, las esposas apaleadas, los maridos suicidas, el terrorismo, la represión de los inmigrantes. Y los niños maltratados. Nada de eso es privativo de España: sucede en pueblos mas templados, y en Francia los periódicos tenían una sección que se llamaba "les enfants martirs" en la que se daban noticias de niños torturados por su propia familia. Lo cual no tenía ni tiene ahora nada que ver con la forma de emparejarse, como insinuó uno de esos tontos con bastón de mando diciendo que la familia cristiana no hace eso. Claro que lo hace. Recuerdo un asesinato en Francia: una mujer apuñalada y su vientre abierto, del que habían sacado el niño a punto de nacer y le habían bautizado antes de que muriese. Había sido el cura del pueblo, padre de la criatura. Naturalmente no es mas que un caso; pero cuando oigo a otros personajes con mando y disponiendo de vidas y haciendas excusar el error judicial en el caso Wainikoff porque la detenida y condenada tenía "un perfil delictivo", me estremezco. Por todos los que puedan tenerlo. Lombroso trazó el mapa de los lóbulos craneales y señaló uno que correspondía al asesino. Cuando se divulgó en España, Arniches hizo un breve sainete en el que dos guardias ("guindillas") llevan a un preso ("chorizo"); el mas joven buscaba el perfil lombrosiano, y el mayor le explicaba el que medio en que vive el ladrón; el hambre, la miseria, el frío, los niños amoratados. No se puede ignorar que cada delito, incluyendo los de "género" tiene su argumento. Es mas popular aumentar el castigo a los menores porque unos han cometido un delito espantoso. Y ni siquiera sabemos bien lo que es un menor.

Por Eduardo Haro Tecglen en Visto/Oído el Viernes 10 de Octubre de 2003
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