9 de Octubre de 2003

Partidos

El Tribunal de Cuentas pone en duda las formas de obtener dinero que tienen los partidos políticos. Mas dudosas, creo, cuanto mas poder tienen: podrían hacer favores a quienes contribuyeran mas. Podría ocurrir que los óbolos de compradores y vendedores de terrenos se mostraran generosos por quienes les han comprendido y que hicieran donativos anónimos, caritativos o hasta pagar tránsfugas que les ayudaran a hacerse con el poder: así el precio de la vivienda sería consecuencia de ese entusiasmo por la ideología. Un partido fue una reunión de personas en torno a unas ideas y a unas necesidades de clase para reunir el dinero para presentarse a las elecciones frente a los ricos del antiguo régimen; que muy pronto aprendieron e hicieron a su vez sus partidos. Hoy los partidos son muy caros y tienen pocos militantes: no viven de ellos. Los presupuestos generales les subvencionan para que pueda hacerse el aparato democrático visual. La forma de subvencionar es tan fastidiosa como todo lo que emana de la obsoleta constitución: mas dinero al partido que obtiene mas escaños. Es la manera de reducir su numero, para que el poder se concentre a ser posible en dos (bipartidismo): pasa en España, porque Izquierda Unida no ha recuperado aún la posición debida, y el poder conservador actual trata por todos los medios, mas o menos grotescos y ridículos --¡recordando a Stalin!-de evitar una agrupación de la izquierda general. Sumado a la fórmula arimética de Hondt, al reparto de circunscripciones y al reglamento de las cámaras, excluye toda penetración nueva de ideas. Cuando un partido arranca en política es una minoría imperceptible, que puede hacerse grande con el tiempo; en España ya no puede pasar que nuevas ideas o sistemas penetren este muro defensivo. Si se tiene en cuenta la existencia real de "poderes fácticos" como se definieron cuando Franco se acaba, o grupos de presión fuertes -el primero hoy sería Estados Unidos, irradiando sus formas nuevas de capitalismo guerrero-los dos partidos tendrían que plegarse a "lo posible". Constituidos así, con pocos militantes y buenos donantes los partidos se hacen en torno a un "aparato" fuerte; sus dirigentes suelen ser siempre los mismos y una vez que consiguen el poder es imposible desalojarles, a no ser que concurran circunstancias nacionales muy especiales -Suárez, González--; y la inmovilidad se apodera del país. Y se la consagra unicamente como ahora a la vieja constitución. La Constitución o el caos, se dice como decíuan los antiguos dictadores: o Yo o el desastre. Y de esas mentiras vivimos.-

Por Eduardo Haro Tecglen en Visto/Oído el Jueves 9 de Octubre de 2003
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