En Irak continúa la guerra del pobre, que nuestros gramáticos llaman terrorismo; la solución que buscamos entre todos los no terroristas es la de establecer una democracia del pobre, para que se arreglen ellos solos, se aterroricen entre sí, se arrebaten unos a otros las riquezas -excepto el petróleo, que es necesario para la paz mundial, para la democracia de los ricos-y puedan, al fin, adorar las urnas. Y entronizar una Constitución. Se han escogido las suficientes personas de ese país para ocupar los miles de puestos previstos por una democracia; el invasor, el ocupante, tiene la suficiente generosidad de nombrar antes que las urnas a las personas mas adecuadas para dirigir al país: ya se hizo en España. Muchas no van a llegar vivas, porque la guerra del pobre, o terrorismo, las está matando, llamándolas "colaboracionistas", que es una palabra que se usó mucho en la segunda guerra mundial: los indígenas que colaboraban con el invasor. Claro que entonces los colaboracionistas no eran demócratas, y los invasores eran nazis, y parecía mas justificado para un demócrata que se les asesinara o se volaran sus trenes, se mataran sus espías, se atentara contra sus jefes. Incluso cuando, al terminar la guerra, se establecieron otros vencedores, a los colaboracionistas se les fusiló, o ahorcó, o huyeron a España, donde Franco les comprendía. En Francia cortaron el pelo a trasquilones a las chicas que se habían acostado con los alemanes, a veces por algo de chocolate, por unas medias, qué se yo. O porque les gustaban. Me enfurecía aquel espectáculo. Ya lo había visto en España: lo hicieron con nuestras rojas, solo por ser rojas. Cuando se me mezcla todo no es por un problema de senilidad, que ya vendrá si le dejo, sino por una especie de concepción de la historia y de no ver diferencias de comportamiento entre los creadores del campo de Auschwitz y del campo de Guantánamo en lo que se refiere a infamia, que ya sé que depende mucho del puesto que se ocupe en el teatro democrático. Y los que se creen vengadores de aquel Buchenwald destrozando un país y sus habitantes después de ocuparles, aunque se les aplique la cuestión del terrorismo y se señale con el dedo a Arafat como culpable de todo en este mundo. Me parece de todas formas que estas apreciaciones son inoportunas y que igualar, aunque solo sea muy relativamente, a Hitler con Bush, o a Sharon, son excesivas: como comparar a Aznar con Franco, cuando no es mas que un aprendiz y desde luego un demócrata. En fin, hacia diciembre los iraquíes tendrán su constitución, podrán votar y Estados Unidos se irá retirando para no gastar dinero. Y volverá Sadam.-