6 de Octubre de 2002

Un ingenio de otro tiempo

"El matrimonio de Boston", de David Mamet, traducción de Víctor Crémer. Intérpretes, Kiti Manver, Blanca Portillo, Nuria Mencía.- Escenografia, Tomás Muñoz. Vestuario , Rosa García Andujar.- Dirección, José Pascual. Teatro Lara.

"Boston Marriage" es un eufemismo para indicar una relación lesbiana entre dos mujeres: David Mamet describe esa unión, y algunas cosas mas sobre el sexo o los sexos. Además, Boston es una ciudad con fama de sofisticada, según el uso actual de esa palabra: una cierta forma de complejidad tonta para hacer una vida elegante que no es natural. Es decir, un poco el Londres victoriano como modelo. Mamet escribió esta obra en 1999 como si estuviese en Londres cian años antes, aproximadamente. Como si fuese Wilde, o Shaw, o Noel Coward. Bien: su ingenio no es inferior, y este tipo de pastiche o de postizo solo se puede soportar cuando iguala o separa al original. Lo escribió para tres mujeres -una de ellas, su esposa-con las trabajaba frecuentemente. Así, en el salón de las comedia, el salón burgués "sede de la institución matrimonial y esfera del teatro moderno", como dice el afortunado traductor Víctor Cremer, es tambien como una burla de la vieja comedia inglesa. Las dos amantes, y la criada, que es escocesa pero a la que continuamente confunden ellas con irlandesa: como podría pasar en una alta casa del Londres de las buenas familias. Solo que entonces el lesbianismo no aparecía: solamente se podía uno imaginar o sugerir que había algunas relaciones entre dos mujeres vagamente equívocas. Todo es un poco así: menos eufemismos, menos "maneras antes que moral", como decía Wilde, mas palabras directas. No menos ingenio.

En esa salón, afligidas por ostentosos trajes de la época -son bonitos los modelos, pero en el teatro los modistas deben tener cuidado y pensar que las actrices tienen que moverse, desnudarse, vestirse, como si fueran seres humanos y no modelos de pasarela---, las amantes Ana y Claire -Kiti Manver y Blanca Portillo-se confiesan sus infidelidades: Ana tiene un "protector" -vieja palabra-que la regala joyas y cuyo dinero es inacabable; Claire ama a una adolescente locamente. Todo se puede arreglar dentro del sentido común del cinismo y de la libertad moral. Pero mas adelante se descubrirá que el protector es el padre de la jovenzuela pervertida por Claire (como dice ella misma) y la gran joya es de su esposa. El tercer personaje es la criada llorona, triste, que pierde su virginidad, a la que despiden y readmiten. Poca cosa: si el tema no fuera el lesbianismo, sino el matrimonio de hombre y mujer y las infidelidades correspondientes, el argumento tendrá poco interés: aún quedaría la palabra, como base de un cierto teatro, y la burla de una sociedad, y un cierto aire libertino. Y la interpretación. Hecho por tres actrices muy buenas, aún le queda un problema: una cierta incapacidad en la escena española de imitar al salón inglés y a la buena sociedad, a la manera de clavar dardos de palabras. No pueden escapar, o la dirección de José Pascual no se lo ha aconsejado. O puede ser deliberado para dar una cierta grosería de fondo a lo que es una imitación bostoniano. Una estulticia muy frecuente en el crítico es que mira la obra y mide la distancia entre lo real y lo que él hubiera hecho de ser él el autor, el director y las actrices. Muchas veces caigo en ella. El público la ve de su manera franca y leal, sin pensar en Londres ni en el palafrenero al que se daba la púdica reina Victoria, y lo pasa mucho mejor. Aplaudían con razón a todos; y yo creo que hasta al mismo teatro Lara, construido también para obras de hace cien años, sede tantas veces de Benavente.

Por Eduardo Haro Tecglen en Crítica el Domingo 6 de Octubre de 2002
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