Me gusta Lula por ese nombre de mulatita oscilante de Río; por el recuerdo de Lula de Lara, ni mulata ni oscilante, jefe en la Sección Femenina, junto a Pilar Primo de Rivera: una buena amiga falangista. Se tiene amigos aparte de su afiliación, incluso de su acción. Ahora que santifican a ese hombre recuerdo que uno de los suyos me ofreció un cargo, y yo le dije: "Sabes de sobra que no tengo nada que ver con vosotros". "Eso no nos importa" "Mas claro: que soy un ateo tranquilo". "Eso crees: tal como eres, tienes todas las virtudes de un creyente". Me lo han dicho otras veces y siempre me he enorgullecido por lo que era su elogio. (Quitemos los antifaces: él era Enrique Giménez Arnau y el cargo era la dirección de "Informaciones", que era un periódico importante). Tengo ahora amigos entre los que fueron a Roma a la santificación y les quiero: yo sé que sus virtudes podrían ser las de un ateo, si tuvieran un poco de fe en la nada.
Con estos rasgos autobiográficos, se entenderá mejor que me guste Lula porque me sugiere una danzarina de carnaval y una falangista de acción; se añade que le han izado los pobres, y ser pobre en Brasil es gravísimo. Pero entre mi retratillo a lápiz -que se pueda borrar-está una socarronería de aldeano, de mis antepasados de Tierra de Campos, de un pueblo al que aún llaman "el de los judíos" (aquí dejo el antifaz), que me hace pensar que si realmente fuese a hacer una república de pobres, con un reparto social justo, no habría llegado a ser candidato. Y, presidente, no habría podido hacer sus mejoras, como no puede hacerlas Chávez, continuamente asediado, insultado en los periódicos del mundo. Un candidato popular nunca sale de las urnas, a no ser por equívocos gigantes. La democracia actual es así: se engaña a los votantes antes de que lleguen a las urnas. No se hace la trampa con la papeleta, sino con la persona. Y los candidatos entre los que se puede elegir tienen una unión hipostática, de Santísima Dualidad, por medio de pactos y palabras sacras. Esto, claro, requiere un grado de civilización política; en países mas inteligentes, como Maruecos, aún se manipulan las papeletas y se encuentra el resultado querido. El islamismo real es como el catolicismo aznarista: (retuerzo ésta columna como si fuera salomónica) es como el Opus gubernamental:,"se rumorea" que los altos cargos del gobierno o emparentados han recibido instrucciones de no estar nunca juntos en las ceremonias, ni siquiera por las calles de Roma, sino como individuos aislados. ¡Es tan del Opus ese disimulo! Qué ingenuidad.