13 de Junio de 2001

Barra Libre

Ha muerto la princesa del Irán quizá de melancolía, como en los cuentos, que no superó desde la lejana muerte de su padre; o quizá se ha suicidado. Toda suposición es lícita pero insegura. Nadie sabe lo que hay dentro de un ser humano; ni él mismo. Se documenta la noticia con el recuerdo de que al huir de su país, su padre tenía en el extranjero diez mil millones de dólares. Coincide la noticia con la de la opresión del pueblo iraní por el gobierno fundamentalista religioso, y pienso que la fortuna que aquel emperador robó a su pueblo es responsable de esta situación: un pueblo alimentado, instruido y equilibrado no cae en los fundamentalismos salvajes para defenderse. El emperador estaba ayudado en su expolio por un imperio mayor, el de Occidente, que le usaba para defender su frontera contra Rusia; pero encontró que los islamistas también mataban a los comunistas con alegría. Y es que siempre ganan los mismos.

Por Eduardo Haro Tecglen en Barra Libre el Miércoles 13 de Junio de 2001
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