La prohibición de que las mujeres entren en la sociedad del Liceo de Barcelona sería mas completa si se las prohibiera también cantar allí; podrían cambiarse por los castrati, hombres de bella voz de tiple, y si no quedan se puede castrar a los inmigrantes, y mejor de otras regiones que de otros países. Solo ensayo, claro, porque tampoco esas razas deberían cantar en tan alto lugar, ni siquiera "Otelo"; si funciona, se castraría a los autóctonos. Aún más: habría que prohibir espectadoras. Eso lo debían hacer ellas por su cuenta: una huelga de mujeres que no quieran entrar en el templo de la masculinidad. A menos que estén de acuerdo, porque la gente ahora está volviendo a masoquismos mentales que habían perdido sus batallas. El nacionalismo, el racismo, el machismo y los rasgos prohibitivos de la antigua moral barrida vuelven al mismo tiempo que la gran derecha clásica, el capitalismo y el gobierno autoritario de uno solo. Parecen inseparables.