5 de Mayo de 2000

Barra Libre

El virus que ayer detuvo los ordenadores de medio mundo muestra la fragilidad de nuestra civilización. En los tiempos del acero hacían falta revoluciones para detenerla; hoy un anónimo paralizar las comunicaciones, y mañana otro inutilizará las torres de control de los aeropuertos. Unos maquinistas de tren paran y España se paraliza; y unos propietarios de camiones en huelga acabaron con el régimen de Allende. La civilización es de plástico y de menos que plástico, de las invisibles ondas que nos rodean, y pueden hacernos prisioneros, paralíticos o tontos. Este material invisible está acabando con la fuerza del brazo, y por lo tanto con el sentido del trabajo. Pero no hay que detenerla, sino utilizarla. Me permito recordar a Marx cuando la máquina de vapor dejó en el paro a miles de obreros textiles: no se trataba de destruirlas, como querían, sino de apoderarse de ellas, de hacerlas del ciudadano y no del poder de cuatro personas. No olvidemos, sin embargo, que las cuatro personas tienen tambien el material antiguo: las balas, los gases, las bombas, los guardias. Y la OTAN.-

Por Eduardo Haro Tecglen en Barra Libre el Viernes 5 de Mayo de 2000
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