3 de Junio de 1995

Plañido

Se muestra la doble muerte en casa de los Flores. Antes se miraba y oía lo que pasaba en la casa de los Atridas, en una pequeña isla del Egeo: los presentadores eran Sófocles, Eurípides. No había cámaras: los actores se alzaban sobre sus coturnos para ser vistos; sin micrófonos, se ponían máscaras para ahuecar la voz. En un par de miles de años se han hecho un par de miles de teorías sobre ello: culminaron en Freud, y en Jung; y en la idea de catarsis, en la necesidad de verse representado en otro, o en la sacar unos sentimientos ocultos en el inconsciente colectivo. Se ve la muerte de Lola y el suicidio de su hijo Antonio, y la gente de ceja alta se queja: son cosas que no debían mostrarse. Sobre todo, si roban horas de pantalla al triunfo del PP. Parte de racismo --"cosas de gitanos"--, y viejo desdén al cómico de vida en desorden; y el deseo de no ver y de que algo no sea visto. No pudiendo culpar de estas muertes al partido socialista --y en el fondo se le culpa: nada desdichadamente humano le es ajeno, nada feliz puede proceder de él--, mejor que no se vea. Y su seguimiento, culminado anoche con "Morir de pena" (Informe Semanal), puso por encima de todas las emisoras a la nacional, a TV1: eso no se perdona. Dicen que no ha de dedicarse la televisión pública. "con nuestros impuestos" --se añade siempre, con el gesto soez de quien paga-- al folletín de la vida real. Porque lo ven mas del cincuenta por ciento de los espectadores. Tambien pagan impuestos: quizá menos, cada uno, pero mas entre todos: y no defraudan (no pueden). Me quejo de que Don Emilio García Gómez no haya tenido la repercusión que su muerte requería (los periódicos, sí; éste, y el segundo o tercero, que no se por donde va "Abc") porque tienen otro sentido de la cultura. Por eso los prefiero. Y no abandonaron a los Flores en su tragedia: tambien saben que millones de personas sienten con ello algo dentro de sí mismos, algún desgarro, una identificación aunque solo sea de las coplas que oyeron, de la guitarra que tañían. Del trozo de vida propia a la que estos muertos acompañaron. De la muerte de la madre, del dolor del hijo, tan vulnerado y dañado ya; del plañir de mujeres ante tumbas. Cosas españolas.

Por Eduardo Haro Tecglen en Visto/Oído el Sábado 3 de Junio de 1995
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