2 de Enero de 1931

Seducciones

Cioran hubiese deseado ver a Don Quijote en el lugar de Cristo: crucificado. "Y yo querr°a haber sido el hombre incrÇdulo, a su derecha, a quien dijera 'Mañana estar-s conmigo en el paraiso'. En el paraiso de la ilusi¢n" Aceptando as° que la ilusi¢n, en Don Quijote, era un estado de gracia, un don. Es un texto primitivo de Cioran, que ahora sale por primera vez en francÇs (trad. del rumano por Grazyna Klewek y Thomas Bazin, Gallimard, Par°s, sep. 1992) con el titulo de "Le livre des leurres". La traducci¢n no es f-cil: aceptando "leurres" por las ilusiones quijotescas: engañosas, espejeantes, como un cebo, como una trampa, a£n nos faltar°a el juego de palabras con los Ølibros de horasØ, con los devocionarios. Una decena mas tarde de este libro de Bucarest --el segundo que compuso: en rumano--, Cioran escrib°a ya en francÇs y mucho mejor. No solo por otra madurez; por otra violaci¢n, posesi¢n fecunda de un nuevo idioma. Defiendo el mestizaje en todo y en la lengua puede dar grandes maestros de estilo: Ionesco, Becket. Sempr£n escribe un francÇs de una belleza peculiar. ?Y Nabokov! Empez¢ a ser un genio cuando aprendi¢ a escribir en inglÇs, ya mayor: un genio de la palabra hallada y exhibida y explotada, apretujada hasta hacerla dar su mejor aroma. Pose°da hasta donde nunca llegan sus amantes habituales. Ahora hay un excelente biograf°a, de Bryan Boyd (Anagrama); salva a Nabokov de la capa de pudor y vergüenza que ech¢ sobre Çl su hijo, que probablemente destruy¢ muchos manuscritos. ?Cuidado con los hijos! (Ya lo dijo Freud). Aman al padre, pero quieren matarle. La de Marlene por su hija, Maria Riva (Plaza&JanÇs) es desvergonzada: mejor. Como la de Golo Man, con respecto a su padre; y como los propios diarios del Thomas Mann: prefiero "La familia Mann", de Marianne Krull (ØEn la red de los magosØ, trad. Adan Kovacais, Edhasa, Barcelona). Es como una novela. No prefiero las biograf°as absolutamente documentadas a las que se dejan llevar por la fascinaci¢n de sus personajes; en todo caso, elijo las que escriben los ajenos sobre las de los pr¢jimos. No nos conocen. Ocultamos quienes somos a los seres mas queridos; somos mas farsantes cuanto mas les queremos (con alguien me propuse ser absolutamentre sincero: una cat-strofe) para venderles el ideal: para engañarles y tenerles. En una relaci¢n amorosa, uno siente cerca al esp°a, al suspicaz, al inquisidor. Es su propio miedo del otro a que no sea cierto lo que aman. ?Que mas les dar-! Ser-, tambiÇn, la idea de que la informaci¢n es poder, y el amor, tambiÇn. Mejor dejar la parte del engaño que trabaje libremente; como el ØleurreØ francÇs del t°tulo de este Cioran de 1936, que en cuestiones de amor y otros engaños y desengaños puede traducirse como Øseducci¢nØ.

Por Eduardo Haro Tecglen en Artículos el Viernes 2 de Enero de 1931
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